22 may. 2014

"Conciencia y movimiento"

El siguiente texto fue extraído del libro"Ejercicios de imaginería Zen" de Shizuto Masunaga y Stephen Brown, de Editorial Edaf, colección Nueva Era.

        “Nuestro cuerpo es capaz de mantener un saludable equilibrio de la actividad fisiológica cuando cada meridiano ejecuta su función o papel apropiado y para que esto suceda ki, o la energía vital, debe circular constantemente a través de cada uno de los meridianos y en una secuencia ordenada. Se produce la enfermedad cuando hay un estancamiento  de ki en algún lugar del curso de estos meridianos.  Aunque se haga algo para mejorar la fluencia de esta energía en el punto de estancamiento, en tanto y en cuanto no se elimine la causa básica del estancamiento la enfermedad se reproducirá, pues no se ha eliminado la causa raíz del problema. Al encontrar una solución rápida que elimina los síntomas en el área afectada puede parecernos que el problema se ha solucionado,  pero esto no se puede considerar como un auténtico estado de salud.
        Los ejercicios de imaginería se realizan en una secuencia específica para facilitar la fluencia de ki en el orden apropiado a través del cuerpo. El principal órgano responsable de la circulación de ki es el corazón, considerado en la medicina oriental como el soberano de todos los órganos. La función del corazón puede considerarse como similar a la conciencia de un individuo *. La conciencia actúa uniendo muchos elementos diferentes de manera que formen una totalidad unificada. La conciencia actúa como el centro hacia el que son atraídos los diversos componentes, organizándose a su alrededor para trazar una distinción entre el ser y el no-ser. Cuando trazamos un círculo, usualmente decidimos primero el centro, y luego trazamos a su alrededor el círculo. Sin embrago, en el caso de un organismo el centro y la periferia se forman simultáneamente.
        Los organismos unicelulares son una combinación de muchos componentes distintos, pero los organismos multicelulares, compuestos de muchas células, son también capaces de funcionar como una unidad orgánica por causa de una conciencia que las une en un organismo. Podemos compara estos con la imagen de de un gran número de personas trabajando con el mismo propósito, o de personas que se unen para volverse “unas de cuerpo y espíritu”. Instinto es una de las palabras utilizadas para este aspecto unificador de la conciencia, que es un rasgo innato en los animales.  Jean Henry Faber (1823 – 1915), que estudió los insectos con conducta instintiva compleja, observó muchas cosas que incluso le parecían milagrosas. Pero descubrió también que introduciendo algún obstáculo improbable en el entorno de los insectos conseguía que su instinto se perdiera completamente. Faber dio a esto el nombre de “ignorancia del instinto”. Los instintos son ignorantes porque aquellas cosas que no es probable que se produzcan en la naturaleza no se tienen en cuenta. Los instintos sólo funcionan para asegurar la supervivencia de la especie como totalidad en un entorno dado  y bajo condiciones específicas.
        La vida, que se ha originado como una faceta de la naturaleza, fue dotada quizá con la capacidad de servir como parte integrante de la totalidad de la naturaleza uniendo elementos separados. La capacidad especial de distinguir una parte de la totalidad creció con el desarrollo de la conciencia, y comenzaron a aparecer sobre la tierra organismos que podían adaptarse libremente a las contingencias gracias a la modificación de su conducta, que les llevaba a ajustarse a las circunstancias. Esa es la función de nuestra conciencia. La presencia de la conciencia es más pronunciada en los animales superiores, pero nadie puede decir realmente que las formas de vida inferiores no la tenga en alguna medida.  De todos modos, en el caso de los seres humanos la mente consciente –esa parte de la conciencia que ha servido a las necesidades de la totalidad-  se desarrolló hasta el punto de llegar a dominar sobre la conciencia instintiva. Mediante el trabajo de la conciencia humana, se crearon cosas que nunca habían existido en la naturaleza, y la socialización, el lenguaje y la especialización en el trabajo condujeron finalmente a la creación de la civilización.  Sin embargo, hoy en día, las creaciones del hombre, habiendo llegado demasiado lejos en la dirección de la mente consciente, se van alejando cada vez más de la esencia de la vida.
        La vida surge originalmente en un lugar donde no hay vida, y con el tiempo vuelve a un lugar donde ya no existe la vida. Este proceso de creación y destrucción podría considerarse como la función de la vida. El papel o significado de algo identificado como una parte separada sólo queda completamente claro cuando es percibido como una parte de la totalidad. Sin embargo, nuestra mente consciente ha predominado sobre la conciencia (la parte de nuestra mente que actúa para crear una totalidad) y ha llegado a considerarse a sí misma como la dueña de la conciencia.  Las áreas que están más allá de los objetivos de nuestra mente consciente se han definido como nuestro inconsciente. Y nuestra conciencia, que está relacionada en gran parte con el inconsciente, parece funcionar más eficazmente como coordinadora e integradora cuando no está atada por las limitaciones de nuestra mente consciente.
        Como las palabras se desarrollaron por la necesidad de la mente consciente de distinguir las cosas, es natural que convenga más para explicar los asuntos pertenecientes a la esfera de la mente  consciente. Ser lógico es ser coherente con los conceptos verbalizados, y el pensamiento racional tiene lugar dentro del medio de las palabras. Las expresiones utilizadas por los occidentales son convenientes para explicar el mundo físico porque el ser y los otros se distinguen claramente. En japonés, sin embargo, las expresiones tienden a enfatizar el significado interior, o el “corazón” de las cosas, por lo que ese significado resulta a veces vago para los extranjeros.  A pesar de ello, hay ocasiones en las que una utilización menos rígida de las palabras resulta más útil, pues puede ser un medio de comunicación corazón a corazón que transmita cosas que estén más allá de las palabras.
        Los movimientos se ejecutan siempre como una secuencia total de acciones, y por tanto son en gran parte inconscientes.  Aunque el término “movimientos inconscientes” pueda sugerir los de un borracho o un sonámbulo, lo que se quiere decir es que la mente consciente normalmente  sólo dirige el principio y el final de los movimientos, sin implicarse en la ejecución de todos los detalles de éstos. La mente consciente sólo funciona en una gama espacial  limitada y actúa principalmente en estructuras de tiempo fijas. Nuestra mente tiene que esforzarse mucho para seguir los detalles más sutiles de nuestro movimiento a través de una secuencia de tiempo continua.
        Cuando aprendemos una nueva serie de acciones, primero desglosamos en parte todas las secuencias para que cada una de ellas pueda ser aprendida individualmente, pero no puede decirse que las acciones hayan sido aprendidas hasta que una persona pueda realizarlas todas juntas como una totalidad sin una deliberación consciente. Los movimientos que siguen siendo controlados por la mente consciente no han perdido su dificultad, mientras que los movimientos a los que estamos acostumbrados son más suaves y requieren un esfuerzo mínimo.
         La mente consciente actúa, casi en contra de la naturaleza, distinguiendo las partes, y de ese modo hemos podido adaptarnos a situaciones raras que nunca se habrían producido en circunstancias normales. No obstante, si  una habilidad adquirida se utiliza repetidamente hay que eliminar el elemento consciente para que la habilidad se vuelva habitual e inconsciente.  Muchos suponen que los músculos que están bajo nuestro control voluntario se mueven obedeciendo a nuestra voluntad. Pero para realizar movimientos delicados se requiere la participación inconsciente de muchos músculos, pues en un momento dado no podemos controlar  todos y cada uno de los músculos. Un grupo de movimientos sólo se perfecciona una vez que todo movimiento individual ha sido integrado en el proceso total.
         Cuando se dice que un ejercicio debe realizarse rítmicamente o en equilibrio, o con un movimiento fluido,  lo que se quiere decir es que el ejercicio se debe practicar menos conscientemente. La mente consciente se puede emplear para aprender movimientos nuevos basados en un nivel específico que trata de tener un efecto específico. Esos ejercicios pueden parecer al principio útiles y eficaces, per están apartados de la esencia verdadera de los movimientos. La motivación para hacer ejercicio puede variar, pero todo individuo debe experimentar la unidad esencial para permitir la espontaneidad sin la necesidad de ser consciente de toda diminuta distinción. Idealmente los movimientos deben repetirse para que los detalles se aprendan naturalmente mientras se ejecutan, para que se vuelvan parte de uno mismo.
        Es este un punto importante con respecto al cual se han equivocado la mayor parte de los libros de ejercicios. No hay que culpar a los autores de esos libros, pues el elemento intelectual  de la sociedad enfatiza la necesidad de una explicación lógica y comprensible. Por ello la explicación de los ejercicios se basa invariablemente en los principios de la psicología y la medicina occidentales. Muchos autores de libros de ejercicios sin duda tomaron conciencia de que algunos aspectos de esas explicaciones racionales no se conformaban exactamente a su propia experiencia.  Sin embargo, quizá porque tuvieran mucha confianza en sus métodos, los autores dejaron que el lector llenara los vacíos. Por eso la mayoría de las personas que leen libros no reconocen nunca la verdadera causa de esta discrepancia entre comprensión y práctica.”
  
   *La palabra conciencia se utiliza en este libro como traducción de la palabra japonesa kokoro, que se refiere también a la mente y emociones propias. En lo ejercicios de imaginería, kokoro hace referencia al raso esencial de todas las formas de vida que integran un organismo en una totalidad y le permiten funcionar como individuo.

26 abr. 2014

"Establecer una tierra búdica serena y bella"

        El siguiente pasaje fue extraído del libro " ¡Respira! Estás vivo - Sutra sobre la plena conciencia en la respiración", escrito por Thich Nhat Hanh


       "Después de alcanzar la iluminación, todos los Budas y Bodhisatvas abren un nuevo mundo para la gente que recorre el camino de la realización y que desea estudiar y practicar con ellos. Cada Buda crea una tierra pura como centro para la práctica. Una tierra pura es un lugar fresco y bello donde la gente es feliz y vive en paz. Crear una tierra pura se denomina “establecer una tierra búdica serena y bella”. Maestros y estudiantes trabajan juntos para crear este tipo de lugar bello, agradable y fresco, para que mucha gente pueda ir a vivir y practicar en él. Cuanto mayor sea el poder de esa persona de despertar y de irradiar paz, más agradable será su tierra pura.
El Buda Amitaba tiene una Tierra Pura en el Paraíso Occidental, y el Buda Aksobya, un lugar llamado el reino de la Suprema Alegría. Después de practicar durante un tiempo, si habéis obtenido algún logro y un cierto grado de paz, puede que deseéis compartirlos con los demás y establecer una pequeña comunidad para la práctica. Pero siempre debéis hacerlo con el espíritu de lo sin-forma. No os dejéis atar por el centro que estáis creando. La frase “crear una tierra búdica serena y bella es en realidad no crear una tierra búdica serena y bella” quiere decir hacerlo con el espíritu de lo sin-forma. No os dejéis devorar por vuestra tierra búdica o sufriréis. Al fundar un centro para practicar, evitad quemaros en el proceso.

        El Buda dijo:
        -Así, Subhuti, todos los bodhisatvas mahasatvas deben generar una intención pura y clara en su espíritu. Al generar esta intención, no deben depender de formas, sonidos, olores, sabores, objetos táctiles u objetos de la mente. Han de generar con su mente la intención de no morar en ninguna parte.

         No morar en ninguna parte significa no depender de nada. Generar una intención significa desear alcanzar el despertar más elevado. Depender de formas, sonidos, olores, sabores, objetos táctiles y objetos de la mente significa estar atrapado por las percepciones, ideas y conceptos. En la segunda sección de este Sutra, la primera pregunta que Subhuti hace al Buda es: “Si los hijos e hijas de buena familia desean generar la mente despierta más elevada y realizada, ¿de qué deben depender y qué han de hacer para dominar sus pensamientos?”. El siguiente pasaje es la respuesta del Buda.

         “Subhuti, si hubiera alguien con un cuerpo tan grande como el Monte Sumeru ¿dirías que su cuerpo es grande?
          Subhuti respondió:
          -Sí venerable Señor, muy grande. ¿Por qué? Porque aquello que el Tahagata dice que no es un cuerpo grande se conoce como un cuerpo grande”.


Thich Nhat Hanh
           La palabra “cuerpo” es una traducción de la palabra sánscrita atmabhava y no de la palabra kaya. El Monte Sumeru es el rey de las montañas. En este párrafo el maestro y su discípulo siguen usando el lenguaje de la dialéctica de los prajñaparamita. Cuando el Buda le pregunta: “¿Dirías que su cuerpo era grande?”. Subhuti le responde: “Muy grande”, porque entiende claramente el lenguaje del Buda. Sabe que él dice “grande” porque está libre de los conceptos de grande y pequeño. Si somos conscientes del modo en que el Buda usa las palabras, no quedaremos atrapados en ninguna de sus palabras. El maestro es importante y el director de un centro para practicar también lo es, pero si la idea de ser importante se convierte en un obstáculo para la enseñanza y la práctica, el significado se perderá".

18 mar. 2014

"No paséis los días y las noches en vano"

     El siguiente párrafo fue extraído del libro “Corrientes que fluyen en la oscuridad: El Sandokai a la luz del budismo zen”, editorial Oniro.
 
     Los textos que componen la presente obra corresponden a las charlas que el gran maestro zen Shunryu Suzuki dio en el Centro Zen de San Francisco, durante el verano de 1970, sobre el Sandokai de Sekito Kisén, poema del siglo VIII de difícil comprensión para los occidentales y que constituye uno de los textos fundamentales del zen. El Sandokai aborda cuestiones tan complejas como la paradójica coexistencia de la unicidad y la multiplicidad de las cosas, que el maestro vuelve sencillas y asequibles con sus sagaces comentarios, no exentos de humor.

     "La práctica nada tiene que ver con lejos o cerca, pero si os confundís, montañas y ríos obstruirán vuestro paso.
A vosotros que estudiáis el misterio, os apremio respetuosamente: no paséis los días y las noches en vano.

     La práctica nada tiene que ver con lejos o cerca. Esto es muy importante. Cuando os involucráis en una práctica egoísta lo hacéis con la idea de alcanzar algo. Cuando os esforzáis por alcanzar un objetivo  o la iluminación, abrigáis sin duda la idea “Estoy lejos de mi objetivo” o “Casi lo he alcanzado”. Pero si realmente estáis practicando la vía, la iluminación se encuentra en el lugar donde estáis, aunque quizás os resulte difícil de aceptar. Cuando practicáis zazen sin una idea de alcanzar algo, la iluminación está presente.
     Dogen Zenjí explicaba que en una práctica egocéntrica hay iluminación y hay práctica: la práctica y la iluminación son unos eventos  que encontraremos en nuestra vida. Pero cuando comprendemos que la práctica y la iluminación son unos eventos que aparecen en el reino del gran mundo del Dharma, entonces la iluminación es un evento que expresa el mundo del Dharma y la práctica es también un evento que expresa el mundo del Dharma. Si ambos expresan o sugieren el gran mundo del Dharma, en ese caso no tenemos por qué desanimarnos si no alcanzamos la iluminación. Ni tampoco hemos de sentirnos extremadamente felices si la alcanzamos, porque no hay diferencia alguna entre una cosa y la otra. La práctica y la iluminación tienen el mismo valor.
Si la iluminación es importante, la práctica también lo es. Al comprenderlo en cada paso que damos, la iluminación está presente. Pero no hay por qué excitarse por ello. Paso a paso seguimos llevando a cabo nuestra interminable práctica, apreciando el gozo del mundo del Dharma. La práctica basada en la iluminación, la práctica más allá de nuestra experiencia de lo bueno o lo malo, más allá de la práctica egocéntrica, consiste en esto.
En mi última charla hablé sobre la sentencia de Sekito: “Si no sois capaces de comprender la vía que tenéis delante ¿cómo podréis reconocerla al caminar por ella?”. Veáis lo que veáis es el tao. Aunque practiquéis si no lo comprendéis, vuestra práctica no os funcionará. Ahora Sekito dice que si practicáis la vía en su verdadero sentido, no habrá ningún problema acerca de estar lejos de la meta o a punto de llegar. La práctica de un principiante y la de un gran maestro zen no son distintas. Pero si os implicáis en una práctica egocéntrica, eso es vivir en un estado de ilusión.
     En la siguiente línea Sekito dice que si practicáis la vía con una sensación dualista respecto a la práctica y la iluminación, los obstáculos que se interpondrán en vuestro camino os alejarán del tao y serán tan enormes como si hubieras de cruzar montañas y ríos.
Luego dice “A vosotros que estudiáis el misterio, os apremio respetuosamente: no paséis los días y las noches en vano”: Koin munashiku wataru koto nakare. Ko significa aquí “rayo de sol” e in, “sombra”, Koin significa por tanto “día y noche” o “tiempo”. Wataru significa “dedicar” o “pasar”. Nakare significa “no” y munashiku “en vano”. “No paséis los días y las noches en vano”, quiere decir “no holgazanéeis”.   
Shunryu Suzuki
Aunque a veces trabajéis duramente, podéis estar malgastando vuestro valioso tiempo sin hacer realmente nada. Si no sabéis lo que estáis haciendo, un maestro zen podría deciros:
”¡Oh estás malgastando el tiempo!”. Y vosotros responder “no es cierto, me estoy esforzando mucho para poder ingresar diez mil dólares en mi cuenta de ahorros”, pero para un maestro zen esta actividad quizá no tenga demasiado sentido y aunque trabajéis arduamente en Tassajara durante el período de trabajo, no significa siempre que estáis haciendo lo adecuado. Si holgazaneáis  estáis perdiendo el tiempo y aunque trabajéis arduamente puede que también lo estéis perdiendo. Para vosotros es como una especia de koan.
     “Cada día es un buen día”. Este famoso koan no significa que no debáis quejaros si  tenéis algún problema, sino que “No dejéis que el tiempo pase en vano”. Yo creo que la mayoría de la gente está dejando pasar el tiempo en vano. Uno podría decir “No es así, siempre estoy ocupado en algo”, pero esta respuesta es sin duda una señal de estar malgastando el tiempo. La mayoría de la gente actúa con algún propósito, como si supiera lo que está haciendo. Pero aunque sea así, no creo que comprenda adecuadamente a la actividad que se dedica.
     Cuando hacéis algo con un propósito basado en alguna evaluación de lo que es útil o inútil, bueno o malo, más o menos valioso, no estáis comprendiendo a la perfección vuestra actividad. Pero cuando hacéis las cosas que necesitan hacerse sin que os importe si los resultados serán buenos o malos, o un éxito o un fracaso eso es una verdadera práctica. Si hacéis las cosas no por el Buda, ni por la verdad, ni por vosotros mismos, ni por los demás, sino por el simple hecho de hacerlas, eso constituye la verdadera vía.
No puedo explicároslo demasiado bien. Quizá es mejor que no hable tanto. No debéis hacer las cosas porque os sintáis bien al hacerlas ni dejar de hacerlas porque os hagan sentir mal. Tanto si os sentís bien como mal, hay algo que debéis hacer. Si no tenéis esta sensación al hacer algo, no habréis empezado a seguir la vía en el verdadero sentido de la palabra.
     Ignoro por qué estoy en Tassajara: no estoy aquí por vosotros, ni por mí, o ni siquiera por el Buda o el budismo. Simplemente estoy aquí. Pero cuando pienso que he de irme de Tassajara dentro de dos o tres semanas, no me siento bien. No sé por qué. No creo que sea sólo por dejaros a vosotros, que sois mis estudiantes. No hay ninguna persona en especial a la que yo quiera mucho. No sé por qué he de estar aquí. Y no es porque me sienta apegado a Tassajara. En el futuro no espero nada en cuanto a un gran monasterio o al budismo. Pero no quiero pasar mi vida en el aire. Quiero estar aquí mismo. Ir por mi pié.
     La única forma de ir por mi pié cuando estoy en Tassajara es sentarme en zazen. Por eso estoy aquí.  Para mí ir por mi pié y sentarme sobre mi cojín negro es lo más importante. Sólo confío en mis pies y en mi cojín negro. Son mis amigos, siempre. Mis pies son siempre mis amigos. Cuando estoy en la cama, la cama es mi amiga; no Buda, ni budismo si zazen. Si me preguntarais “¿Qué es el zazen para ti?”, os respondería “Sentarme sobre mi cojín negro” o “Andar con mis pies”. Mi zazen es estar en este momento en este lugar. Para mí no hay ningún otro zazen. Cuando realmente voy por mi pie no estoy perdido. Para mí el nirvana es esto. No es necesario viajar ni cruzar montañas o ríos. Como estoy aquí mismo, en el mundo del Dharma, no he de cruzar montañas o ríos. Así es como no malgastamos el tiempo. Hemos de vivir cada momento, sin sacrificar este momento pensando en el futuro.
     En la China en la época de Sekito el budismo zen era muy polémico. Siempre había alguna controversia relacionada con las enseñanzas. Había muchas escuelas del zen y a menudo solían enzarzarse en disputas. Y como albergaban unas ideas sobre la enseñanza correcta y la incorrecta, o sobre la enseñanza tradicional y la herética, se olvidaron de lo más importante de la práctica. Por eso Sekito dijo: “No paséis el tiempo en vano”. No sacrifiquéis la práctica real por una idealista, intentando alcanzar algún tipo de perfección o de adquirir la comprensión tradicional enseñada por el Sexto Patriarca.  
     Los discípulos del Sexto Patriarca compilaron el Sutra del Sexto Patriarca en distintas versiones y cada uno dijo: “Esta versión es la vía del Sexto Patriarca. Los que no tengan esta obra no son descendientes del Sexto Patriarca”. En aquella época prevalecía esta comprensión del zen. Por eso Sekito dijo: “A vosotros que estudiáis el misterio, os apremio respetuosamente: no paséis los días y las noches en vano”. No quedar atrapado en alguna idea, en alguna comprensión egoísta de la práctica o de las enseñanzas es seguir la práctica correctamente.
    A veces a esto se le llama “la práctica de pulir tejas”. Normalmente son los espejos los que se pulen. Pero si alguien se pone a pulir una teja quizá os burléis de esa persona. Pero una teja al pulirla brilla. Alguien podría decir “¡Oh no es más que una teja! Nunca será un espejo”. Esta es la práctica de los que se rinden fácilmente pensando “Como no puedo ser un buen estudiante zen, dejaré de sentarme en zazen”. No se dan cuenta de que una teja es valiosa, a veces más valiosa que un espejo. Nadie puede darse el lujo de construir un tejado con espejos. Las tejas son muy buenas para construir los tejados, al igual que un espejo es importante para contemplarse en él. La práctica de pulir tejas es eso.
     Como ya sabéis hay una famosa historia sobre Nangakú, un discípulo del Sexto Patriarca, y sobre Basó, su discípulo. Un día mientras Basó estaba practicando zazen, Nangakú pasó por allí y le preguntó:
-¿Qué estás haciendo?
-Estoy practicando zazen
-¿Y por qué lo haces?
-Para convertirme en un buda
-¡Ah! Está muy bien que intentes convertirte en un buda –dijo Nangakú y entonces cogió una teja y empezó a pulirla frotándola contra una piedra.
Basó movido por la curiosidad le preguntó:
-¿Qué está haciendo?
-Quiero pulir una teja para hacer de ella un espejo.
Su discípulo le preguntó si era posible convertir una teja en un espejo y Nangakú le contestó:
-Tú has dicho que estás practicando zazen para convertirte en un buda, pero un buda no siempre es alguien que alcanza la iluminación. Todo el mundo es un buda, haya alcanzado o no la iluminación.
Basó le dijo:
-Quiero convertirme en un buda por medio de la práctica de sentarse.
Nangakú le respondió:
-Hablas de la práctica de sentarse, pero sentarse no siempre es practicar zazen. Hagas los que hagas será zazen.
Basó se sientió confundido.
-¿Cuál es entonces la práctica adecuada?- le preguntó.
Nangakú le respondió:
-Si un carro no avanza, ¿cuál será la manera adecuada de hacerlo avanzar, pegar al carro o al caballo?
Basó no supo que responder porque aún seguía practicando con la idea de obtener algo.
Nangakú continuó con su explicación. No puedo extenderme en detalles pero en resumen le dijo:
-Intentar averiguar qué es lo más adecuado –si pegar al caballo o al carro – es un error, porque el carro y el caballo no son dos cosas distintas, sino una sola.
Shunryu Suzuki
     La práctica y la iluminación son una sola cosa, al igual que el carro y el caballo. En realidad si hacéis una verdadera práctica física, también es la iluminación. En nuestra tradición la práctica basada en la iluminación se llama “la práctica real sin fin” y la iluminación que se inicia con la práctica y es uno con ella se llama “la iluminación sin inicio”. Si alguien empieza a practicar, la iluminación está presente, y donde haya la iluminación, habrá también la práctica. Sin práctica no hay iluminación. Si en el lugar donde ahora estáis no sois conscientes de vuestra propia posición, no estaréis practicando la vía. Si sacrificáis vuestra práctica presente por algún futuro logro, estaréis perdiendo el tiempo. No será la verdadera práctica.
Sekito fue también un discípulo directo del Sexto Patriarca y conocía muy bien la práctica de éste.  Cuando Katakú Jinné y sus discípulos empezaron a denunciar la escuela del Norte de Jinshu, a Sekito no le gustó que se apegaran a una idea sin comprender lo que era en realidad la práctica. Cinco siglos más tarde Dogén Zenjí seguiría difundiendo la comprensión de Sekito en Japón. No sólo la desarrolló de manera lógica, sino que además lo hizo de una forma más amplia y poética, y con más sentimiento, con su tenaz mente racional.
    Hay quien dice que el Sandokai no es un buen poema porque es demasiado filosófico. Tal vez sea así si no se comprende el trasfondo de las enseñanzas de Sekito y si la mente de uno no penetra sus palabras. En nuestra tradición decimos que “hay que leer el reverso del papel”, no sólo los caracteres impresos, sino el otro lado de la página. Es importante comprender el Sandokai de Sekito de ese modo".